lunes, 16 de enero de 2012

Irregular sistema de justicia en EU

Escrito por Gloria Muñoz Ramírez

La lucha por la liberación de Mumia Abu-Jamal no ha terminado.

Mumia Abu Jamal, uno de los presos políticos estadunidenses más reconocido en el mundo, dejó el corredor de la muerte de Pensylvania después de más de 30 años de pasar cada uno de sus días condenado a una ejecución producto de una proceso jurídico plagado de irregularidades.

Por la liberación de Mumia, periodista y activista afroamericano, ex miembro de las Panteras Negras, luchan colectivos en el mundo. Su causa en favor de los derechos de las minorías lo ha colocado no sólo como un símbolo contra la pena de muerte, sino como referente de lucha internacional. Su caso concentra todas las irregularidades del sistema de justicia de Estados Unidos, pero el pasado 7 de diciembre se obtuvo un triunfo: la fiscalía de Filadelfia anunció su decisión de no seguir pidiendo la pena capital para Abu-Jamal.

El 9 de diciembre de 1981 Mumia fue acusado del asesinato del policía Daniel Faulkner, ocurrido en Filadelfia. Siguió un proceso plagado de violaciones constitucionales y de derechos civiles y el ocultamiento de pruebas en su defensa por parte de policías, fiscales y del propio juez. Actualmente, luego de su traslado al penal de mediana seguridad Mahanoy, denuncia la agrupación Amigos de Mumia México, los oficiales carcelarios se inventaron un nuevo pretexto para mantenerlo en la Unidad de Celdas Restrictivas (RHU): las rastas. Las autoridades de su nueva cárcel afirman que Abu-Jamal estará en el hueco hasta que se corte el cabello que, por cierto, ahora le llega hasta el suelo, como símbolo de su constante resistencia y una afirmación de vida y rebeldía contra un sistema de muerte.

Furiosos por no haber podido asesinar a Mumia por la vía legal, las autoridades buscan cualquier pretexto para enterrarlo vivo y apagar su lucha. Durante muchos años, Mumia ha seguido luchando a través de sus escritos. Pero las nuevas condiciones afectan directamente su posibilidad de recibir información y difundir su palabra. No tiene acceso a los informes noticieros, tampoco a sus materiales legales o a su máquina de escribir... Hay luces fuertes prendidas en su celda las 24 horas del día. No sale de su celda sin grilletes, incluso para ir a las regaderas o para recibir una visita. Éstas son pocas y cortas, sin contacto físico, en un locutorio de vidrio. Está sometido a revisiones denigrantes tanto antes como después de la visita. Las autoridades tardan mucho en entregarle sus cartas, si es que las entregan. Sólo le permiten una llamada breve a su esposa. No tiene acceso a alimentos adecuados ni a la tienda del penal. Y Mumia, por supuesto, se niega a cortarse las rastas.

La lucha por su liberación no ha terminado.


Tomado de La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2012/01/14/opinion/014o1pol
 

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