lunes, 21 de marzo de 2011

Hospitales libios atacados. Tres aviones franceses derribados

x Mahdi Darius Nazemroaya EEUU y sus aliados se han embarcado en una nueva operación de cambio de régimen. Fabio Mini: "La zona de exclusión aérea conducirá a una invasión por tierra"

Antes de dar comienzo a sus ataques contra los libios, admitieron, con toda la desfachatez, que habría víctimas civiles. Afirman que actúan para salvar civiles, pero van a matarlos.

“El Primer Ministro canadiense Stephen Harper dijo que la acción equivale a un ‘acto de guerra’ que es fundamental para sacar a Moamar Gadafi del poder antes de que siga masacrando a su propio pueblo”, según elEdmonton Journal (1). Añadió también: “El Primer Ministro reconoció que la operación militar será compleja y podría provocar víctimas entre los mismos civiles que las naciones intentan proteger y quizás también entre el personal militar enviado a Libia (2).”

Los criminales de guerra han vuelto de nuevo

Horas después de que se iniciaran los ataques, fuentes libias han informado que se han bombardeado tres instalaciones médicas (3). Dos hospitales y una clínica sanitaria (4). Esas son instalaciones civiles.

Resultaron alcanzados el Hospital Al-Tajura y el Hospital Saladin, en Ain Zara. La clínica bombardeaba estaba también situada en las proximidades de Trípoli, la capital libia (5). No sólo eran estructuras civiles sino que también estaban lejos de la zona de los combates.

Se han atacado también instalaciones aéreas civiles (6). Fuentes libias han declarado también que han destruido todas las academias militares libias (7) para impedir que Libia pueda entrenar oficiales para su defensa.

Las mismas fuentes han dicho que se han atacado también todas las bases militares libias, incluso las que no tienen nada que ver con la imposición de una zona de exclusión aérea. La nueva “coalición de los dispuestos”, al viejo estilo Iraq, ha atacado las bases aéreas libias, las bases navales y las bases terrestres. Además, EEUU y sus aliados han impuesto un inmenso bloqueo naval alrededor de Libia.

Según fuentes internas libias (no confirmadas), el ejército libio derribó dos aviones franceses cerca de Janzour (Janzur/Zanzur) (7). Según la misma fuente, los libios derribaron otro avión militar francés cerca de Anjile (8). El pueblo de Bengasi está también huyendo de la ciudad a causa de la guerra (9). Francia, EEUU, Gran Bretaña y sus aliados de la coalición han atacado también Surt (Sidra) y Misratah (10).

EEUU y sus aliados son quienes están creando ahora un verdadero desastre humanitario. Hablan de paz mientras arman a los rebeldes de la oposición que tienen su base en Bengasi a través de la junta militar egipcia, un cliente militar al igual que su supuesto predecesor civil (11). Esto representa también una violación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobada por EEUU y sus aliados el pasado jueves, que afirma que no se enviarán armas a Libia.

Hillary Clinton se desplazó tanto a Túnez como a Egipto en una visita relacionada con las operaciones dirigidas contra Libia. Tanto el régimen de Túnez como la junta militar de El Cairo están abierta y secretamente apoyando la guerra contra Libia. Los autócratas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han indicado también que enviarán fuerzas militares para atacar Libia.

Entrevista con Fabio Mini, antiguo Comandante de la Fuerza Internacional de Paz en Kosovo

"La zona de exclusión aérea conducirá a una invasión por tierra"

"Es probable que la zona de exclusión aérea en Libia conduzca a una invasión por tierra. Además, la zona de exclusión aérea es un acto militarmente determinante. Puede imponérsele a un país durante años, sin tocar para nada su fuerza militar". El general Fabio Mini, antiguo comandante de la fuerza internacional de paz en Kosovo y Jefe de Estado Mayor OTAN en el Sur de Europa ve osucuros nubarrones de guerra formándose en Libia. La zona de exclusión aérea, explica, podría ser el comienzo de "una escalada militar de resultados imprevisibles y potencialmente destructivos".

Comencemos por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué prevé exactamente? ¿Sólo el control del espacio aéreo de Libia o algo más?

Se han de considerar dos aspectos. El primero es que para aplicar la zona de exlusión aérea hay que tener la capacidad de atacar objetivos en tierra que dan apoyo a la fuerza aérea: bases aéreas, bases misilísticas, artillería contraaérea, radares, toda la instrumentación que debe quedar inutilizada antes de controlar el espacio aéreo. Luego está la segunda cuestión, la resolución 1973 votada por el Consejo de Seguridad de la ONU anteayer, que no instituye simplemente la zona de exclusión aérea, sino que da a la comunidad internacional el derecho de usar todos los medios posibles para proteger a la población civil.

Así pues, ¿se trata de algo más que de una mera zona de exclusión aérea?

Exactamente. La Resolución otorga a la comunidad internacional no solamente el derecho de presidiar el espacio aéreo sin también el de intervenir cada vez que la seguridad de los civiles esté en peligro. Ello significa que si las tropas de Gadafi decidieran bombardear Bengasi o cualquier otra ciudad, los ejércitos extranjeros tendrían el derecho de bombardear. Con riesgos para los civiles que podemos imaginar. ¿Qué haremos si Gadafi y sus mercenarios decidieran llevar a cabo operaciones militares contra los rebeldes y sus familias en las ciudades reconquistadas? ¿Bombardearemos? ¿A quién le caerán nuestras bombas? En Kosovo bombardeamos tranquilamente objetivos civiles pensando que eran militares.

¿Una zona de exclusión aérea ofrece la posibilidad de resultar determinante para detener las tropas de Gadafi y acabar con la matanza?

Absolutamente no. Saddam Hussein tuvo dos zonas de exclusión aérea durante 12 años buenos. Para reprimir a los chiíes y los curdos le bastó con reptar: no tuvo necesidad del espacio aéreo. Por absurdo que parezca, la prohibición de volar puede aumentar la disposición de un tirano sanguinario de hacer en tierra lo que no puede hacer desde el aire. Sucedió con Saddam, pero sucediót también con la operación Deny Flight en Bosnia-Herzegovina, que impedía volar a los serbios, cosa que no impidió que ocurriera Srebrenica ni otras masacres.

Desde un punto de vista militar, ¿qué hace falta para imponer una zona de exclusión aérea?

De un montón de cosas. Aviones interceptadores que efectúen las patrullas, vigilancia radar, aviones de abastecimiento en vuelo, AWACS para las operaciones de identificación de objetivos, apoyo logístico enorme, bases avanzadas como las de Sigonella, Gioia del Colle, Trapani, y otras en retaguardia como Aviano. En el caso de Libia, se necesita también cobertura naval. Con los radares de los buques se puede controlar el territorio, con los misiles de los buques, sobre todo con los tierra-aire se puede debilitar la resistencia del ejército libio. Pero sobre todo se necesita una extraordinaria cohesión política y diplomática. Todos los países que limitan con Libia deben estar implicados. Mauritania, Chad y el resto de Estados africanos que tienen tradicionalmente vínculos estrechos con Gadafi, y hacia los cuales el raís podría desplazar parte de su fuerza militar.

Una última pregunta, general Mini. ¿Cuál puede ser el resultado de esta zona de exclusión aérea?

La ocupación militar. Según la experiencia previa, no hay ni un solo experimento de zona de exclusión aérea que haya terminado sin recurrir a la intervención de tropas terrestres. Es obvio que sucede esto. Los países a los que se les impone la zona de exclusión aérea suelen seguir masacrando a sus enemigos, reprimiendo a los civiles, produciendo fenómenos migratorios. Las fuerzas extranjeras se ven obligadas a intensificar los ataques. El paso siguiente es la guerra total, con invasión de tropas de tierra. Boots on the ground, con las botas en el suelo, como se dice en jerga. Ocurrió en Bosnia, ocurrió en Kosovo, ocurrió en Iraq. Hará falta otra resolución ONU, pero este es el resultado más probable.

Il Fatto Quotidiano. Traducido por Gorka Larrabeiti

sábado, 19 de marzo de 2011

"¿Bombardear a su propio pueblo?"

por Mumía Abú-Jamal



Mientras las fuerzas en pro y en contra del gobierno luchan por la
supremacía en las ciudades y en los desiertos de Libia en África del
Norte, el tenor y el tono de los reportajes estadounidenses
/occidentales muestran la mentira de la celebrada objetividad periodística.


Parece que las porras son más apropiadas para el ESPN que para los
principales servicios de noticias nacionales, incitados, por supuesto,
por la enemistad de Estados Unidos contra el Coronel Moammar Khaddafy,
quien por mucho tiempo ha sido un estorbo para las ambiciones imperiales
estadounidenses en la región.

No finjamos que los esfuerzos estadounidenses se motiven por su
preocupación por los sufrimientos del pueblo libio, porque fácilmente 10
veces (o tal vez 30 veces) más personas sufrieron bajo Hosni Mubarak, el
presidente de por vida de Egipto y aliado de confianza de Estados
Unidos. Durante décadas el gobierno norteamericano hizo oídos sordos al
dolor del pueblo egipcio.

Sólo cuando el pueblo se levantó y tomó el escenario, Estados Unidos
empezó a balbucear frases sobre "los derechos humano" y a preocuparse
sobre "la violencia".

Así habla el gobierno norteamericano que enviaba en secreto (y tal vez
todavía está enviando) a gente a los infiernos egipcios vía el programa
de “rendition” (entrega) para ser torturados y asesinados por la temida
policía secreta de Egipto.

A decir verdad, quien tenga los más mínimos conocimientos de la historia
de Estados Unidos no puede escuchar sin sentir vergüenza ajena las
acusaciones de que el gobierno de Libia ataque y bombardee "a su propio
pueblo". Porque la Guardia Nacional de Estados Unidos disparó sus armas
semi-automáticas contra indefensos estudiantes en la Universidad Kent
State en el estado de Ohio, matando a 4 jóvenes que protestaban contra
la guerra en Vietnam. Un poco después, 2 jóvenes negros fueron baleados
a muerte por la policía de la Universidad Jackson State en Mississippi
durante una protesta similar.

Filadelfia, Pensilvania, era el sitio de un bombardeo gubernamental que
mató a hombres, mujeres y bebes en su propia casa. Ese era el bombardeo
de la organización MOVE del 13 de mayo de 1985, cuando 11 personas
murieron bombardeadas y toda una cuadra fue reducida a escombros humeantes.

¿Alguno de los bombarderos fue "llevado a la justicia"?

Y cuando Israel desató la Operación Plomo Fundido contra los territorios
ocupados de Gaza, matando a más de 1,400 palestinos --hombres, mujeres,
niños y ancianos-- y el respetado juez sudafricano, Richard Goldstone,
emitió un informe que describe como "crímenes de guerra" los
ametrallamientos, bombardeos y disparos con armas de alto calibre contra
la población civil, ¿qué es lo que hizo el gobierno de Obama? ¿Criticó a
los bambarderos israelíes, o al juez?

Adivina. Si adivinaste que el gobierno de Obama criticó al juez
Goldstone, le atinaste y eso da una idea de qué tanto al gobierno
estadounidense le preocupan los derechos humanos, la violencia, el
bombardeo gubernamental de la desarmada población civil y el sufrimiento
de los árabes bajo regímenes represivos.

Aquí está la lección: Los rebeldes, en toda nación, son castigados.

Desde el corredor de la muerte soy Mumia Abu-Jamal.

--(c) '11 maj
5 de marzo de 2011
Audio grabado por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México

viernes, 18 de marzo de 2011

Convocatoria a “5 Días de Acción Mundial por los 5 de Bachajón”

Detienen a Nataniel Herández, director del CDH Digna Ochoa y a otros compañeros

Costa de Chiapas, 15 de Marzo de 2011.

A la sociedad civil en México y en el mundo.

Al digno pueblo de Chiapas.

A nuestras hermanas y hermanos zapatistas.

A nuestr@s compañer@s de La Otra Campaña y de la Zezta Internazional.

A tod@s l@s que luchan por un mundo otro.

A los Organismos de Derechos Humanos No gubernamentales Estatal y Nacional.

A las organizaciones sociales, políticas, redes nacionales e Internacionales.

Al Grupo de Apoyo a la Zona Costa GAZC-Barcelona.

El día de hoy 15 de Marzo, el compañero Nataniel Hernández Núñez, se encontraba en la ciudad de Tapachula, Chiapas, ejerciendo como siempre sus labores de defensa y observación de los derechos humanos como director del Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa, en este caso acompañaba a compañeros de una comunidad. Según la información que se ha reunido a lo largo del día, fueron detenidos 4 compañeros desde aproximadamente las 2 de la tarde, el compañero permaneció en la ciudad averiguando la situación de los compañeros detenidos. Es a las 8 de la noche, que al parecer fue liberada la orden de aprehensión federal por ataque a las vías de comunicación que mantenían en suspenso desde el 2010, orden que fue ejecutada con la rapidez que sólo tiene el gobierno cuando de luchadores sociales o defensores de derechos humanos se trata.

El compañero tiene un amparo vigente, el compañero estaba defendiendo a compañeros de las comunidades, el compañero ya había sido detenido junto con 18 compañeros más por el gobierno de Chiapas durante 8 días el pasado 22 de Febrero, fueron liberados por la movilización y solidaridad de mucha gente alrededor del mundo.

Se sabia que el compañero estaba en la mira, se sabia que lo querían detener en su trabajo, se sabia que luchar por los derechos humanos es un crimen, que luchar por una vida digna en este país y el estado de Chiapas es un delito contra los grandes intereses económicos y políticos. Estamos en pie de lucha, estamos en ALERTA, no lograran detener nuestro trabajo.

Es ahora el gobierno federal quien insiste en detener al compañero, no dejaremos de luchar por la libertad del compañero. Pedimos a tod@s los compañer@s que nos han ayudado, permanecer a la espera de más información y la convocatoria a acciones por la libertad del compañero Nataniel Hernández Núñez y los otros compañeros detenidos.

Por ahora, estamos preparándonos para el día de mañana movilizarnos hacia Tapachula, si el gobierno Federal mantiene la estupidez de retener a los compañeros.

Nuestras movilizaciones y trabajos son por una tarifa justa de Luz eléctrica, la libre determinación de los pueblos y la Autonomía, la liberación de los presos políticos en el Estado de Chiapas. El respeto y cese de las agresiones en contra de los adherentes a la Otra Campaña y a las comunidades zapatistas.

¡¡¡¡Libertad inmediata a todos los presos políticos en Chiapas.¡¡¡¡¡

¡¡¡¡Cese a la represión del gobierno de Chiapas en contra de los Defensores de Derechos Humanos¡¡¡¡¡
¡¡¡Respeto a las comunidades zapatistas!!!
¡¡¡¡Juicio a los Paramilitares de Mitzitón¡¡¡

¡¡¡¡ Respeto al pueblo de Bachajón¡¡¡¡

¡¡¡Respeto a la libre determinación de los pueblos y a la Autonomía¡¡¡¡¡

CONSEJO AUTÓNOMO REGIONAL DE LA ZONA COSTA DE CHIAPAS.



--
PRESOS POLITICOS, L I B E R T A D ! ! !

jueves, 17 de marzo de 2011

Masacre en Guatemala‏

EJERCITO ESTA MASACRANDO COMUNIDADES INDIGENAS EN SALACUIN COBAN ALTA
VERAPAZ
EL DIA DE HOY VIERNES 11 DE MARZO 2011, NUEVAMENTE EJERCITO Y
GUARDARECURSOS SE HICIERON PRESENTES EN LAS COMUNIDADES YALKOBE Y
SEKUKPUR, SE DIERON LA TAREA DE SEGUIR DESTRUYENDO LOS CULTIVOS DE MAIZ,
CARDAMOMO, FRIJOL. EN EL LUGAR ENCONTRARON AL SEÑOR HABRAHAN POP MIEMBROS
DEL EJERCITO LE DIERON MUERTE A TIROS, LO MISMO LE HICIERION A OTRAS
PERSONAS, ALGUNAS LOS ESTAN LLEVANDO AL HOSPITAL, OTRAS PERSONA SE
ENCUENTRAN DESAPARECIDOS ENTRE HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS.
RESPONSABILIZAMOS DIRECTAMENTE AL CONAP, MINISTERIO DE GOBERNACION POR LA
MASACRE QUE ESTAN SEMBRANDO EN LAS DOS COMUNIDADES INDIGENAS, YA QUE
EXISTE MEDIACION DEL CONFLICTO POR MEDIO DE LA SECRETARIA DE ASUNTOS
AGRARIOS ENTRE LOS ACUERDOS EL GOBIERNO ESTA BUSCANDO RECURSO PARA LA
COMPRA DE UNA FINCA PARA REUBICAR A LAS FAMILIAS INDIGENAS. LAS FAMILIAS
HAN TENIDO LA POSECION HISTORICA DE LAS TIERRAS ANTES DE QUE EL LUGAR
FUERA DECLARADO COMO AREA PROTEGIDA.
COMUNIDADES ALEDAÑAS NOS ESTAN INFORMANDO QUE EN EL AREA SE ESTAN
DIRIGENDO MAS ELEMENTOS DEL EJERCITO Y DE LA POLICIA NACIONAOL CIVIL.
COMUNICACIÓN – CONIC

Comunicación
WAQIB' KEJ
www.waqib-kej.org
Tel: 2434-9754, 2438-1424 ext. 20
Fax: 24349500

lunes, 14 de marzo de 2011

Etica y política. Guerra y barbarie. ¿Nada que hacer? x Subcomandante Insurgente Marcos

Etica y política. Guerra y barbarie. ¿Nada que hacer? x Subcomandante Insurgente Marcos

Apuntes sobre las guerras. Carta primera (completa) del SCI Marcos a Don Luis Villoro.

I.- LAS GUERRAS DE ARRIBA.
II.- LA GUERRA DEL MÉXICO DE ARRIBA.
III.- ¿NADA QUÉ HACER?
IV.- LA ÉTICA Y NUESTRA OTRA GUERRA.

zapata vive!


EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL
MÉXICO.


Enero-Febrero del 2011
.

Para: Don Luis Villoro.
De: Subcomandante Insurgente Marcos.


Doctor, saludos.

Esperamos de veras que se encuentre mejor de salud y que tome estas líneas no sólo como vaivén de ideas, también como un abrazo cariñoso del todo que somos.

Le agradecemos el haber aceptado participar como corresponsal en este intercambio epistolar. Esperamos que de él surjan reflexiones que nos ayuden, allá y acá, a tratar de entender el calendario que padece nuestra geografía, es decir, nuestro México.

Permítame iniciar con una especie de esbozo. Se trata de ideas, fragmentadas como nuestra realidad, que pueden seguir su camino independiente o irse enlazando como una trenza (que es la mejor imagen que he encontrado para “dibujar” nuestro proceso de reflexión teórica), y que son producto de nuestra inquietud sobre lo que ocurre actualmente en México y en el mundo.

Y aquí inician estos apuntes apresurados sobre algunos temas, todos ellos relacionados con la ética y la política. O más bien sobre lo que nosotros alcanzamos a percibir (y a padecer) de ellos, y sobre las resistencias en general, y nuestra resistencia particular. Como es de esperar, en estos apuntes, el esquematismo y la reducción reinarán, pero creo que alcanzan para dibujar una o muchas líneas de discusión, de diálogo, de reflexión crítica.

Y de esto es precisamente de lo que se trata, de que la palabra vaya y venga, sorteando retenes y patrullajes militares y policíacos, de nuestro acá hasta su allá, aunque luego pasa que la palabra se va para otros lados y no importa si alguien la recoge y la lanza de nuevo (que para eso son las palabras y las ideas).

Aunque el tema en el que nos hemos puesto de acuerdo es el de Política y Ética, tal vez son necesarios algunos rodeos o, más mejor, aproximaciones desde puntos aparentemente distantes.

Y, puesto que se trata de reflexiones teóricas, habrá que empezar por la realidad, por lo que los detectives llaman “los hechos”.

En “Escándalo en Bohemia”, de Arthur Conan Doyle, el detective Sherlock Holmes le dice a su amigo, el Doctor Watson: “Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teorías, en lugar de ajustar las teorías a los hechos”.

Podríamos empezar entonces por una descripción, apresurada e incompleta, de lo que la realidad nos presenta de la misma forma, es decir, sin anestesia alguna, y recabar algunos datos. Algo así como intentar reconstruir no sólo los hechos sino la forma en la que tomamos conocimiento de ellos.

Y lo primero que aparece en la realidad de nuestro calendario y geografía es una antigua conocida de los pueblos originarios de México: La Guerra.

I.- LAS GUERRAS DE ARRIBA.

“Y en el principio fueron las estatuas”.

Así podría iniciar un ensayo historiográfico sobre la guerra, o una reflexión filosófica sobre la real paridora de la historia moderna. Porque la estatuas bélicas esconden más de lo que muestran. Erigidas para cantar en piedra la memoria de victorias militares, no hacen sino ocultar el horror, la destrucción y la muerte de toda guerra. Y las pétreas figuras de diosas o ángeles coronados con el laurel de la victoria no sólo sirven para que el vencedor tenga memoria de su éxito, también para forjar la desmemoria en el vencido.

Pero en la actualidad esos espejos rocosos se encuentran en desuso. Además de ser sepultados cotidianamente por la crítica implacable de aves de todo tipo, han encontrado en los medios masivos de comunicación un competidor insuperable.

La estatua de Hussein, derribada en Bagdad durante la invasión norteamericana a Irak, no fue sustituida por una de George Bush, sino por los promocionales de las grandes firmas trasnacionales. Aunque el rostro bobo del entonces presidente de Estados Unidos bien podía servir para promover comida chatarra, las multinacionales prefirieron autoerigirse el homenaje de un nuevo mercado conquistado. Al negocio de la destrucción, siguió el negocio de la reconstrucción. Y, aunque las bajas en las tropas norteamericanas siguen, lo importante es el dinero que va y viene como debe ser: con fluidez y en abundancia.

La caída de la estatua de Saddam Hussein no es el símbolo de la victoria de la fuerza militar multinacional que invadió Irak. El símbolo está en el alza en las acciones de las firmas patrocinadoras.

“En el pasado fueron las estatuas, ahora son las bolsas de valores”.

Así podría seguir la historiografía moderna de la guerra.

Pero la realidad de la historia (ese caótico horror mirado cada vez menos y con más asepsia), compromete, pide cuentas, exige consecuencias, demanda. Una mirada honesta y un análisis crítico podrían identificar las piezas del rompecabezas y entonces escuchar, como un estruendo macabro, la sentencia:

“En el principio fue la guerra”.


La Legitimación de la Barbarie.

Quizá, en algún momento de la historia de la humanidad, el aspecto material, físico, de una guerra fue lo determinante. Pero, al avanzar la pesada y torpe rueda de la historia, eso no bastó. Así como las estatuas sirvieron para el recuerdo del vencedor y la desmemoria del vencido, en las guerras los contendientes necesitaron no sólo derrotar físicamente al contrario, sino también hacerse de una coartada propagandística, es decir, de legitimidad. Derrotarlo moralmente.

En algún momento de la historia fue la religión la que otorgó ese certificado de legitimidad a la dominación guerrera (aunque algunas de las últimas guerras modernas no parecen haber avanzado mucho en ese sentido)- Pero luego fue necesario un pensamiento más elaborado y la filosofía entró al relevo.

Recuerdo ahora unas palabras suyas: “La filosofía siempre ha tenido una relación ambivalente con el poder social y político. Por una parte, tomó la sucesión de la religión como justificadora teórica de la dominación. Todo poder constituido ha tratado de legitimarse, primero en una creencia religiosa, después en una doctrina filosófica. (…) Tal parece que la fuerza bruta que sustenta al dominio carecería de sentido para el hombre si no se justificara en un fin aceptable. El discurso filosófico, a la releva de la religión, ha estado encargado de otorgarle ese sentido; es un pensamiento de dominio.” (Luis Villoro. “Filosofía y Dominio”. Discurso de ingreso al Colegio Nacional. Noviembre de 1978).

En efecto, en la historia moderna esa coartada podía llegar a ser tan elaborada como una justificación filosófica o jurídica (los ejemplos más patéticos los ha dado la Organización de las Naciones Unidas, ONU). Pero lo fundamental era, y es, hacerse de una justificación mediática.

Si cierta filosofía (siguiéndolo, Don Luis: el “pensamiento de dominio” en contraposición al “pensamiento de liberación”) relevó a la religión en esa tarea de legitimación, ahora los medios masivos de comunicación han relevado a la filosofía.

¿Alguien recuerda que la justificación de la fuerza armada multinacional para invadir Irak era que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva? Sobre eso se construyó un gigantesco andamiaje mediático que fue el combustible para una guerra que no ha terminado aún, al menos en términos militares. ¿Alguien recuerda que nunca se encontraron tales armas de destrucción masiva? Ya no importa si fue mentira, si hubo (y hay) horror, destrucción y muerte, perpetrados con una coartada falsa.

Cuentan que, para declarar la victoria militar en Irak, George W. Bush no esperó los informes de que se habían encontrado y destruido esas armas, ni la confirmación de que la fuerza multinacional controlaba ya, si no todo el territorio iraquí, sí al menos sus puntos nodales (la fuerza militar norteamericana se encontraba atrincherada en la llamada “zona verde” y ni siquiera podía aventurarse a salir a los barrios vecinos –véanse los estupendos reportajes de Robert Fisk para el periódico británico “The Independent”-).

No, el informe que recibió Washington y le permitió dar por terminada la guerra (que por cierto no termina aún), llegó de los consultores de las grandes trasnacionales: el negocio de la destrucción puede dar paso al negocio de la reconstrucción (sobre esto véanse los brillantes artículos de Naomi Klein en el semanario estadounidense “The Nation”, y su libro “La Doctrina del Shock”).

Así, lo esencial en la guerra no es sólo la fuerza física (o material), también es necesaria la fuerza moral que, en estos casos, es proporcionada por los medios masivos de comunicación (como antes por la religión y la filosofía).

La Geografía de la Guerra Moderna.

Si el aspecto físico lo referimos a un ejército, es decir, a una organización armada, mientras más fuerte es (es decir, mientras más poder de destrucción posee), más posibilidades de éxito tiene.

Si es el aspecto moral referido a un organismo armado, mientras más legítima es la causa que lo anima (es decir, mientras más poder de convocatoria tiene), entonces mayores son las posibilidades de conseguir sus objetivos.

El concepto de guerra se amplió: se trataba de no sólo de destruir al enemigo en su capacidad física de combate (soldados y armamento) para imponer la voluntad propia, también era posible destruir su capacidad moral de combate, aunque tuviera aún suficiente capacidad física.

Si las guerras se pudieran poner únicamente en el terreno militar (físico, ya que en esa referencia estamos), es lógico esperar que la organización armada con mayor poder de destrucción imponga su voluntad al contrario (tal es el objetivo del choque entre fuerzas) destruyendo su capacidad material de combate.

Pero ya no es posible ubicar ningún conflicto en el terreno meramente físico. Cada vez más es más complicado el terreno en el que las guerras (chicas o grandes, regulares o irregulares, de baja, mediana o alta intensidad, mundiales, regionales o locales) se realizan.

Detrás de esa gran e ignorada guerra mundial (“guerra fría” es como la llama la historiografía moderna, nosotros la llamamos “la tercera guerra mundial”), se puede encontrar una sentencia histórica que marcará las guerras por venir.

La posibilidad de una guerra nuclear (llevada al límite por la carrera armamentista que consistía, grosso modo, en cuántas veces se era capaz de destruir el mundo) abrió la posibilidad de “otro” final de un conflicto bélico: el resultado de un choque armado podía no ser la imposición de la voluntad de uno de los contrincantes sobre el otro, sino que podía suponer la anulación de las voluntades en pugna, es decir, de su capacidad material de combate. Y por “anulación” me refiero no sólo a “incapacidad de acción” (un “empate” pues), también (y sobre todo) a “desaparición”.

En efecto, los cálculos geomilitares nos decían que en una guerra nuclear no habría vencedores ni vencidos. Y más aún, no habría nada. La destrucción sería tan total e irreversible que la civilización humana dejaría su paso a la de las cucarachas.

El argumento recurrente en las altas esferas militares de las potencias de la época era que las armas nucleares no eran para pelear una guerra, sino para inhibirla. El concepto de “armamento de contención” se tradujo entonces al más diplomático de “elementos de disuasión”.

Reduciendo: la doctrina “moderna” militar se sintetizaba en: impedir que el contrario imponga su voluntad mayor (o “estratégica”), equivale a imponer la propia voluntad mayor (“estratégica”), es decir, desplazar las grandes guerras hacia las pequeñas o medianas guerras. Ya no se trataba de destruir la capacidad física y/o moral de combate del enemigo, sino de evitar que la empleara en un enfrentamiento directo. En cambio, se buscaba redefinir los teatros de la guerra (y la capacidad física de combate) de lo mundial a lo regional y local. En suma: diplomacia pacífica internacional y guerras regionales y nacionales.

Resultado: no hubo guerra nuclear (al menos todavía no, aunque la estupidez del capital es tan grande como su ambición), pero en su lugar hubo innumerables conflictos de todos los niveles que arrojaron millones de muertos, millones de desplazados de guerra, millones de toneladas métricas de material destruido, economías arrasadas, naciones destruidas, sistemas políticos hechos añicos… y millones de dólares de ganancia.

Pero la sentencia estaba dada para las guerras “más modernas” o “posmodernas”: son posibles conflictos militares que, por su naturaleza, sean irresolubles en términos de fuerza física, es decir, en imponer por la fuerza la voluntad al contrario.

Podríamos suponer entonces que se inició una lucha paralela SUPERIOR a las guerras “convencionales”. Una lucha por imponer una voluntad sobre la otra: la lucha del poderoso militarmente (o “físicamente” para poder transitar al microcosmos humano) por evitar que las guerras se libraran en terrenos donde no se pudieran tener resultados convencionales (del tipo “el ejército mejor equipado, entrenado y organizado será potencialmente victorioso sobre el ejército peor equipado, entrenado y organizado”). Podríamos suponer, entonces, que en su contra está la lucha del débil militarmente (o “físicamente”) por hacer que las guerras se libraran en terrenos donde el poderío militar no fuera el determinante.

Las guerras “más modernas” o “posmodernas” no son, entonces, las que ponen en el terreno armas más sofisticadas (y aquí incluyo no sólo a las armas como técnica militar, también las tomadas como tales en los organigramas militares: el arma de infantería, el de caballería, el arma blindada, etc.), sino las que son llevadas a terrenos donde la calidad y cantidad del poder militar no es el factor determinante.

Con siglos de retraso, la teoría militar de arriba descubría que, así las cosas, serían posibles conflictos en los que un contrincante abrumadoramente superior en términos militares fuera incapaz de imponer su voluntad a un rival débil.

Sí, son posibles.

Ejemplos en la historia moderna sobran, y las que ahora me vienen a la memoria son de derrotas de la mayor potencia bélica en el mundo, los Estados Unidos de América, en Vietnam y en Playa Girón. Aunque se podrían agregar algunos ejemplos de calendarios pasados y de nuestra geografía: las derrotas del ejército realista español por las fuerzas insurgentes en el México de hace 200 años.

Sin embargo, la guerra está ahí y sigue ahí su cuestión central: la destrucción física y/o moral del oponente para imponer la voluntad propia, sigue siendo el fundamento de la guerra de arriba.

Entonces, si la fuerza militar (o física, reitero) no sólo no es relevante sino que se puede prescindir de ella como variable determinante en la decisión final, tenemos que en el conflicto bélico entran otras variables o algunas de las presentes como secundarias pasan a primer plano.

Esto no es nuevo. El concepto de “guerra total” (aunque no como tal) tiene antecedentes y ejemplos. La guerra por todos los medios (militares, económicos, políticos, religiosos, ideológicos, diplomáticos, sociales y aún ecológicos) es el sinónimo de “guerra moderna”.

Pero falta lo fundamental: la conquista de un territorio. Es decir, que esa voluntad se impone en un calendario preciso sí, pero sobre todo en una geografía delimitada. Si no hay un territorio conquistado, es decir, bajo control directo o indirecto de la fuerza vencedora, no hay victoria.

Aunque se puede hablar de guerras económicas (como el bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra la República de Cuba) o de aspectos económicos, religiosos, ideológicos, raciales, etc., de una guerra, el objetivo sigue siendo el mismo. Y en la época actual, la voluntad que trata de imponer el capitalismo es destruir/despoblar y reconstruir/reordenar el territorio conquistado.

Sí, las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. En la etapa actual del capitalismo es preciso destruir el territorio conquistado y despoblarlo, es decir, destruir su tejido social. Hablo de la aniquilación de todo lo que da cohesión a una sociedad.

Pero no se detiene ahí la guerra de arriba. De manera simultánea a la destrucción y el despoblamiento, se opera la reconstrucción de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lógica, otro método, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografía.

Si en una guerra internacional, este proceso complejo ocurre en la nación conquistada y se opera desde la nación agresora, en una guerra local o nacional o civil el territorio a destruir/despoblar y reconstruir/reordenar es común a las fuerzas en pugna.

Es decir, la fuerza atacante victoriosa destruye y despuebla su propio territorio.

Y lo reconstruye y reordena según su plan de conquista o reconquista.

Aunque si no tiene plan… entonces “alguien” opera esa reconstrucción – reordenamiento.

Como pueblos originarios mexicanos y como EZLN algo podemos decir sobre la guerra. Sobre todo si se libra en nuestra geografía y en este calendario: México, inicios del siglo XXI…

II.- LA GUERRA DEL MÉXICO DE ARRIBA.

“Yo daría la bienvenida casi a cualquier guerra
porque creo que este país necesita una”.
Theodore Roosevelt.




Y ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no sólo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografías o calendarios distantes, sino que empieza a gobernar las decisiones e indecisiones de quienes pensaron que los conflictos bélicos estaban sólo en noticieros y películas de lugares tan lejanos como… Irak, Afganistán,… Chiapas.

Y en todo México, gracias al patrocinio de Felipe Calderón Hinojosa, no tenemos que recurrir a la geografía del Medio Oriente para reflexionar críticamente sobre la guerra. Ya no es necesario remontar el calendario hasta Vietnam, Playa Girón, siempre Palestina.

Y no menciono a Chiapas y la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas, porque ya se sabe que no están de moda, (para eso el gobierno del estado de Chiapas se ha gastado bastante dinero en conseguir que los medios no lo pongan en el horizonte de la guerra, sino de los “avances” en la producción de biodiesel, el “buen” trato a los migrantes, los “éxitos” agrícolas y otros cuentos engañabobos vendidos a consejos de redacción que firman como propios los boletines gubernamentales pobres en redacción y argumentos).

La irrupción de la guerra en la vida cotidiana del México actual no viene de una insurrección, ni de movimientos independentistas o revolucionarios que se disputen su reedición en el calendario 100 o 200 años después. Viene, como todas las guerras de conquista, desde arriba, desde el Poder.

Y esta guerra tiene en Felipe Calderón Hinojosa su iniciador y promotor institucional (y ahora vergonzante).

Quien se posesionó de la titularidad del ejecutivo federal por la vía del facto, no se contentó con el respaldo mediático y tuvo que recurrir a algo más para distraer la atención y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra.

Cuando Felipe Calderón Hinojosa hizo suya la proclama de Theodore Roosevelt (algunos adjudican la sentencia a Henry Cabot Lodge) de “este país necesita una guerra”, recibió la desconfianza medrosa de los empresarios mexicanos, la entusiasta aprobación de los altos mandos militares y el aplauso nutrido de quien realmente manda: el capital extranjero.

La crítica de esta catástrofe nacional llamada “guerra contra el crimen organizado” debiera completarse con un análisis profundo de sus alentadores económicos. No sólo me refiero al antiguo axioma de que en épocas de crisis y de guerra aumenta el consumo suntuario. Tampoco sólo a los sobresueldos que reciben los militares (en Chiapas, los altos mandos militares recibían, o reciben, un salario extra del 130% por estar en “zona de guerra”). También habría que buscar en las patentes, proveedores y créditos internacionales que no están en la llamada “Iniciativa Mérida”.

Si la guerra de Felipe Calderón Hinojosa (aunque se ha tratado, en vano, de endosársela a todos los mexicanos) es un negocio (que lo es), falta responder a las preguntas de para quién o quiénes es negocio, y qué cifra monetaria alcanza.

Algunas estimaciones económicas.

No es poco lo que está en juego:

(nota: las cantidades detalladas no son exactas debido a que no hay claridad en los datos gubernamentales oficiales. por lo que en algunos casos se recurrió a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación y se completó con datos de las dependencias e información periodística seria).

En los primeros 4 años de la “guerra contra el crimen organizado” (2007-2010), las principales entidades gubernamentales encargadas (Secretaría de la Defensa Nacional –es decir: ejército y fuerza aérea-, Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República y Secretaría de Seguridad Pública) recibieron del Presupuesto de Egresos de la Federación una cantidad superior a los 366 mil millones de pesos (unos 30 mil millones de dólares al tipo de cambio actual). Las 4 dependencias gubernamentales federales recibieron: en 2007 más de 71 mil millones de pesos; en 2008 más de 80 mil millones; en 2009 más de 113 mil millones y en 2010 fueron más de 102 mil millones de pesos. A esto habrá que sumar los más de 121 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dólares) que recibirán en este año del 2011.

Tan sólo la Secretaría de Seguridad Pública pasó de recibir unos 13 mil millones de pesos de presupuesto en el 2007, a manejar uno de más de 35 mil millones de pesos en el 2011 (tal vez es porque las producciones cinematográficas son más costosas).

De acuerdo al Tercer Informe de Gobierno de septiembre del 2009, al mes de junio de ese año, las fuerzas armadas federales contaban con 254, 705 elementos (202, 355 del Ejército y Fuerza Aérea y 52, 350 de la Armada.

En 2009 el presupuesto para la Defensa Nacional fue de 43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos, a los que sumaron 8 mil 762 millones 315 mil 960 pesos (el 25.14% más), en total: más de 52 mil millones de pesos para el Ejército y Fuerza Aérea. La Secretaría de Marina: más de 16 mil millones de pesos: Seguridad Pública: casi 33 mil millones de pesos; y Procuraduría General de la República: más de 12 mil millones de pesos.

Total de presupuesto para la “guerra contra el crimen organizado” en 2009: más de 113 mil millones de pesos

En el año del 2010, un soldado federal raso ganaba unos 46, 380 pesos anuales; un general divisionario recibía 1 millón 603 mil 80 pesos al año, y el Secretario de la Defensa Nacional percibía ingresos anuales por 1 millón 859 mil 712 pesos.

Si las matemáticas no me fallan, con el presupuesto bélico total del 2009 (113 mil millones de pesos para las 4 dependencias) se hubieran podido pagar los salarios anuales de 2 millones y medio de soldados rasos; o de 70 mil 500 generales de división; o de 60 mil 700 titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Pero, por supuesto, no todo lo que se presupuesta va a sueldos y prestaciones. Se necesitan armas, equipos, balas… porque las que se tienen ya no sirven o son obsoletas.

“Si el Ejército mexicano entrara en combate con sus poco más de 150 mil armas y sus 331.3 millones de cartuchos contra algún enemigo interno o externo, su poder de fuego sólo alcanzaría en promedio para 12 días de combate continuo, señalan estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional (Emaden) elaboradas por cada una de las armas al Ejército y Fuerza Aérea. Según las previsiones, el fuego de artillería de obuseros (cañones) de 105 milímetros alcanzaría, por ejemplo, para combatir sólo por 5.5 días disparando de manera continua las 15 granadas para dicha arma. Las unidades blindadas, según el análisis, tienen 2 mil 662 granadas 75 milímetros.

De entrar en combate, las tropas blindadas gastarían todos sus cartuchos en nueve días. En cuanto a la Fuerza Aérea, se señala que existen poco más de 1.7 millones de cartuchos calibre 7.62 mm que son empleados por los aviones PC-7 y PC-9, y por los helicópteros Bell 212 y MD-530. En una conflagración, esos 1.7 millones de cartuchos se agotarían en cinco días de fuego aéreo, según los cálculos de la Sedena. La dependencia advierte que los 594 equipos de visión nocturna y los 3 mil 95 GPS usados por las Fuerza Especiales para combatir a los cárteles de la droga, “ya cumplieron su tiempo de servicio”.

Las carencias y el desgaste en las filas del Ejército y Fuerza Aérea son patentes y alcanzan niveles inimaginados en prácticamente todas las áreas operativas de la institución. El análisis de la Defensa Nacional señala que los goggles de visión nocturna y los GPS tienen entre cinco y 13 años de antigüedad, y “ya cumplieron su tiempo de servicio”. Lo mismo ocurre con los “150 mil 392 cascos antifragmento” que usan las tropas. El 70% cumplió su vida útil en 2008, y los 41 mil 160 chalecos antibala lo harán en 2009. (…).

En este panorama, la Fuerza Aérea resulta el sector más golpeado por el atraso y dependencia tecnológicos hacia el extranjero, en especial de Estados Unidos e Israel. Según la Sedena, los depósitos de armas de la Fuerza Aérea tienen 753 bombas de 250 a mil libras cada una. Los aviones F-5 y PC-7 Pilatus usan esas armas. Las 753 existentes alcanzan para combatir aire-tierra por un día. Las 87 mil 740 granadas calibre 20 milímetros para jets F-5 alcanzan para combatir a enemigos externos o internos por seis días. Finalmente, la Sedena revela que los misiles aire-aire para los aviones F-5, es de sólo 45 piezas, lo cual representan únicamente un día de fuego aéreo.” Jorge Alejandro Medellín en “El Universal”, México, 02 de enero de 2009.

Esto se conoce en 2009, 2 años después del inicio de la llamada “guerra” del gobierno federal. Dejemos de lado la pregunta obvia de cómo fue posible que el jefe supremo de las fuerzas armadas, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzara a una guerra (“de largo aliento” dice él) sin tener las condiciones materiales mínimas para mantenerla, ya no digamos para “ganarla”. Entonces preguntémonos: ¿Qué industrias bélicas se van a beneficiar con las compras de armamento, equipos y parque?

Si el principal promotor de esta guerra es el imperio de las barras y las turbias estrellas (haciendo cuentas, en realidad las únicas felicitaciones que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa han venido del gobierno norteamericano), no hay que perder de vista que al norte del Río Bravo no se otorgan ayudas, sino que se hacen inversiones, es decir, negocios.

Victorias y derrotas.

¿Ganan los Estados Unidos con esta guerra “local”? La respuesta es: sí. Dejando de lado las ganancias económicas y la inversión monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y “delincuentes” -la “guerra contra la delincuencia organizada” es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), está, como resultado de esta guerra, una destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico que los favorece.

Esta guerra (que está perdida para el gobierno desde que se concibió, no como una solución a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), está destruyendo el último reducto que le queda a una Nación: el tejido social.

¿Qué mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control político y militar sin las incómodas “body bags” y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistán?

Las revelaciones de Wikileaks sobre las opiniones en el alto mando norteamericano acerca de las “deficiencias” del aparato represivo mexicano (su ineficacia y su contubernio con la delincuencia), no son nuevas. No sólo en el común de la gente, sino en altas esferas del gobierno y del Poder en México esto es una certeza. La broma de que es una guerra dispareja porque el crimen organizado sí está organizado y el gobierno mexicano está desorganizado, es una lúgubre verdad.

El 11 de diciembre del 2006, se inició formalmente esta guerra con el entonces llamado “Operativo Conjunto Michoacán”. 7 mil elementos del ejército, la marina y las policías federales lanzaron una ofensiva (conocida popularmente como “el michoacanazo”) que, pasada la euforia mediática de esos días, resultó ser un fracaso. El mando militar fue el general Manuel García Ruiz y el responsable del operativo fue Gerardo Garay Cadena de la Secretaría de Seguridad Pública. Hoy, y desde diciembre del 2008, Gerardo Garay Cadena está preso en el penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit, acusado de coludirse con “el Chapo” Guzmán Loera.

Y, a cada paso que se da en esta guerra, para el gobierno federal es más difícil explicar dónde está el enemigo a vencer.

Jorge Alejandro Medellín es un periodista que colabora con varios medios informativos -la revista “Contralínea”, el semanario “Acentoveintiuno”, y el portal de noticias “Eje Central”, entre otros -y se ha especializado en los temas de militarismo, fuerzas armadas, seguridad nacional y narcotráfico. En octubre del 2010 recibió amenazas de muerte por un artículo donde señaló posibles ligas del narcotráfico con el general Felipe de Jesús Espitia, ex comandante de la V Zona Militar y ex jefe de la Sección Séptima -Operaciones Contra el Narcotráfico- en el gobierno de Vicente Fox, y responsable del Museo del Enervante ubicado en las oficinas de la S-7. El general Espitia fue removido como comandante de la V Zona Militar ante el estrepitoso fracaso de los operativos ordenados por él en Ciudad Juárez y por la pobre respuesta que dio a las masacres cometidas en la ciudad fronteriza.

Pero el fracaso de la guerra federal contra la “delincuencia organizada”, la joya de la corona del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, no es un destino a lamentar para el Poder en USA: es la meta a conseguir.

Por más que se esfuercen los medios masivos de comunicación en presentar como rotundas victorias de la legalidad, las escaramuzas que todos los días se dan en el territorio nacional, no logran convencer.

Y no sólo porque los medios masivos de comunicación han sido rebasados por las formas de intercambio de información de gran parte de la población (no sólo, pero también las redes sociales y la telefonía celular), también, y sobre todo, porque el tono de la propaganda gubernamental ha pasado del intento de engaño al intento de burla (desde el “aunque no lo parezca vamos ganando” hasta lo de “una minoría ridícula”, pasando por las bravatas de cantina del funcionario en turno).

Sobre esta otra derrota de la prensa, escrita y de radio y televisión, volveré en otra misiva. Por ahora, y respecto al tema que ahora nos ocupa, basta recordar que el “no pasa nada en Tamaulipas” que era pregonado por las noticias (marcadamente de radio y televisión), fue derrotado por los videos tomados por ciudadanos con celulares y cámaras portátiles y compartidos por internet.

Pero volvamos a la guerra que, según Felipe Calderón Hinojosa, nunca dijo que es una guerra. ¿No lo dijo, no lo es?

“Veamos si es guerra o no es guerra: el 5 de diciembre de 2006, Felipe Calderón dijo: “Trabajamos para ganar la guerra a la delincuencia…”. El 20 de diciembre de 2007, durante un desayuno con personal naval, el señor Calderón utilizó hasta en cuatro ocasiones en un sólo discurso, el término guerra. Dijo: “La sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi Gobierno encabeza contra la inseguridad…”, “La lealtad y la eficacia de las Fuerzas Armadas, son una de las más poderosas armas en la guerra que libramos contra ella…”, “Al iniciar esta guerra frontal contra la delincuencia señalé que esta sería una lucha de largo aliento”, “…así son, precisamente, las guerras…”.

Pero aún hay más: el 12 de septiembre de 2008, durante la Ceremonia de Clausura y Apertura de Cursos del Sistema Educativo Militar, el autollamado “Presidente del empleo”, se dio vuelo pronunciando hasta en media docena de ocasiones, el término guerra contra el crimen: “Hoy nuestro país libra una guerra muy distinta a la que afrontaron los insurgentes en el 1810, una guerra distinta a la que afrontaron los cadetes del Colegio Militar hace 161 años…” “…todos los mexicanos de nuestra generación tenemos el deber de declarar la guerra a los enemigos de México… Por eso, en esta guerra contra la delincuencia…” “Es imprescindible que todos los que nos sumamos a ese frente común pasemos de la palabra a los hechos y que declaremos, verdaderamente, la guerra a los enemigos de México…” “Estoy convencido que esta guerra la vamos a ganar…” (Alberto Vieyra Gómez. Agencia Mexicana de Noticias, 27 de enero del 2011).

Al contradecirse, aprovechando el calendario, Felipe Calderón Hinojosa no se enmienda la plana ni se corrige conceptualmente. No, lo que ocurre es que las guerras se ganan o se pierden (en este caso, se pierden) y el gobierno federal no quiere reconocer que el punto principal de su gestión ha fracasado militar y políticamente.

¿Guerra sin fin? La diferencia entre la realidad… y los videojuegos.

Frente al fracaso innegable de su política guerrerista, ¿Felipe Calderón Hinojosa va a cambiar de estrategia?

La respuesta es NO. Y no sólo porque la guerra de arriba es un negocio y, como cualquier negocio, se mantiene mientras siga produciendo ganancias.

Felipe Calderón Hinojosa, el comandante en jefe de las fuerzas armadas; el ferviente admirador de José María Aznar; el autodenominado “hijo desobediente”; el amigo de Antonio Solá; el “ganador” de la presidencia por medio punto porcentual de la votación emitida gracias a la alquimia de Elba Esther Gordillo; el de los desplantes autoritarios más bien cercanos al berrinche (“o bajan o mando por ustedes”); el que quiere tapar con más sangre la de los niños asesinados en la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora; el que ha acompañado su guerra militar con una guerra contra el trabajo digno y el salario justo; el del calculado autismo frente a los asesinatos de Marisela Escobedo y Susana Chávez Castillo; el que reparte etiquetas mortuorias de “miembros del crimen organizado” a los niños y niñas, hombres y mujeres que fueron y son asesinados porque sí, porque les tocó estar en el calendario y la geografía equivocados, y no alcanzan siquiera el ser nombrados porque nadie les lleva la cuenta ni en la prensa, ni en las redes sociales.

Él, Felipe Calderón Hinojosa, es también un fan de los videojuegos de estrategia militar.

Felipe Calderón Hinojosa es el “gamer” “que en cuatro años convirtió un país en una versión mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, (…) un amante -y mal estratega- de la guerra” (Diego Osorno en “Milenio Diario”, 3 de octubre del 2010).

Es él que nos lleva a preguntar: ¿está México siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo sí puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un “código de ética” que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Calderón Hinojosa no se detendrá. Y no sólo porque las fuerzas armadas no se lo permitirían (los negocios son negocios), también por la obstinación que ha caracterizado la vida política del “comandante en jefe” de las fuerzas armadas mexicanas.

Hagamos un poco de memoria: En marzo del 2001, cuando Felipe Calderón Hinojosa era el coordinador parlamentario de los diputados federales de Acción Nacional, se dio aquel lamentable espectáculo del Partido Acción Nacional cuando se negó a que una delegación indígena conjunta del Congreso Nacional Indígena y del EZLN hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unión en ocasión de la llamada “marcha del color de la tierra”.

A pesar de que se estaba mostrando al PAN como una organización política racista e intolerante (y lo es) por negar a los indígenas el derecho a ser escuchados, Felipe Calderón Hinojosa se mantuvo en su negativa. Todo le decía que era un error asumir esa posición, pero el entonces coordinador de los diputados panistas no cedió (y terminó escondido, junto con Diego Fernández de Cevallos y otros ilustres panistas, en uno de los salones privados de la cámara, viendo por televisión a los indígenas hacer uso de la palabra en un espacio que la clase política reserva para sus sainetes).

“Sin importar los costos políticos”, habría dicho entonces Felipe Calderón Hinojosa.

Ahora dice lo mismo, aunque hoy no se trata de los costos políticos que asuma un partido político, sino de los costos humanos que paga el país entero por esa tozudez.

Estando ya por terminar esta misiva, encontré las declaraciones de la secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, especulando sobre las posibles alianzas entre Al Qaeda y los cárteles mexicanos de la droga. Un día antes, el subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph Westphal, declaró que en México hay una forma de insurgencia encabezada por los cárteles de la droga que potencialmente podrían tomar el gobierno, lo cual implicaría una respuesta militar estadunidense. Agregó que no deseaba ver una situación en donde soldados estadunidenses fueran enviados a combatir una insurgencia “sobre nuestra frontera… o tener que enviarlos a cruzar esa frontera” hacia México.

Mientras tanto, Felipe Calderón Hinojosa, asistía a un simulacro de rescate en un pueblo de utilería, en Chihuahua, y se subió a un avión de combate F-5, se sentó en el asiento del piloto y bromeó con un “disparen misiles”.

¿De los videojuegos de estrategia a los “simuladores de combate aéreo” y “disparos en primera persona”? ¿Del Age of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate aéreo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (“Private military company”) han reemplazado a los ejércitos gubernamentales en varios países. La primera misión del videojuego consiste en bombardear Ciudad Juárez, Chihuahua, México, porque las “fuerzas rebeldes” se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.

No en el videojuego, sino en Irak, una de las empresas militares privadas contratadas por el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central de Inteligencia fue “Blackwater USA”, que después cambió su nombre a “Blackwater Worldwide”. Su personal cometió serios abusos en Irak, incluyendo el asesinato de civiles. Ahora cambió su nombre a “Xe Services LL” y es el más grande contratista de seguridad privada del Departamento de Estado norteamericano. Al menos el 90% de sus ganancias provienen de contratos con el gobierno de Estados Unidos.

El mismo día en el que Felipe Calderón Hinojosa bromeaba en el avión de combate (10 de febrero de 2011), y en el estado de Chihuahua, una niña de 8 años murió al ser alcanzada por una bala en un tiroteo entre personas armadas y miembros del ejército.

¿Cuándo va a terminar esa guerra?

¿Cuándo aparecerá en la pantalla del gobierno federal el “game over” del fin del juego, seguido de los créditos de los productores y patrocinadores de la guerra?

¿Cuándo va poder decir Felipe Calderón “ganamos la guerra, hemos impuesto nuestra voluntad al enemigo, le hemos destruido su capacidad material y moral de combate, hemos (re) conquistado los territorios que estaban en su poder”?

Desde que fue concebida, esa guerra no tiene final y también está perdida.

No habrá un vencedor mexicano en estas tierras (a diferencia del gobierno, el Poder extranjero sí tiene un plan para reconstruir – reordenar el territorio), y el derrotado será el último rincón del agónico Estado Nacional en México: las relaciones sociales que, dando identidad común, son la base de una Nación.

Aún antes del supuesto final, el tejido social estará roto por completo.

Resultados: la Guerra arriba y la muerte abajo.

Veamos que informa el Secretario de Gobernación federal sobre la “no guerra” de Felipe Calderón Hinojosa:

“El 2010 fue el año más violento del sexenio al acumularse 15 mil 273 homicidios vinculados al crimen organizado, 58% más que los 9 mil 614 registrados durante el 2009, de acuerdo con la estadística difundida este miércoles por el Gobierno Federal. De diciembre de 2006 al final de 2010 se contabilizaron 34 mil 612 crímenes, de las cuales 30 mil 913 son casos señalados como “ejecuciones”; tres mil 153 son denominados como “enfrentamientos” y 544 están en el apartado “homicidios-agresiones”. Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, presentó una base de datos oficial elaborada por expertos que mostrará a partir de ahora “información desagregada mensual, a nivel estatal y municipal” sobre la violencia en todo el país.” (Periódico “Vanguardia”, Coahuila, México, 13 de enero del 2011)

Preguntemos: De esos 34 mil 612 asesinados, ¿cuántos eran delincuentes? Y los más de mil niños y niñas asesinados (que el Secretario de Gobernación “olvidó” desglosar en su cuenta), ¿también eran “sicarios” del crimen organizado? Cuando en el gobierno federal se proclama que “vamos ganando”, ¿a qué cartel de la droga se refieren? ¿Cuántas decenas de miles más forman parte de esa “ridícula minoría” que es el enemigo a vencer?

Mientras allá arriba tratan inútilmente de desdramatizar en estadísticas los crímenes que su guerra ha provocado, es preciso señalar que también se está destruyendo el tejido social en casi todo el territorio nacional.

La identidad colectiva de la Nación está siendo destruida y está siendo suplantada por otra.

Porque “una identidad colectiva no es más que una imagen que un pueblo se forja de sí mismo para reconocerse como perteneciente a ese pueblo. Identidad colectiva es aquellos rasgos en que un individuo se reconoce como perteneciente a una comunidad. Y la comunidad acepta este individuo como parte de ella. Esta imagen que el pueblo se forja no es necesariamente la perduración de una imagen tradicional heredada, sino que generalmente se la forja el individuo en tanto pertenece a una cultura, para hacer consistente su pasado y su vida actual con los proyectos que tiene para esa comunidad.

Entonces, la identidad no es un simple legado que se hereda, sino que es una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, y por lo tanto es variable y cambiante según las circunstancias históricas”. (Luis Villoro, noviembre de 1999, entrevista con Bertold Bernreuter, Aachen, Alemania).

En la identidad colectiva de buena parte del territorio nacional no está, como se nos quiere hacer creer, la disputa entre el lábaro patrio y el narco-corrido (si no se apoya al gobierno entonces se apoya a la delincuencia, y viceversa).

No.

Lo que hay es una imposición, por la fuerza de las armas, del miedo como imagen colectiva, de la incertidumbre y la vulnerabilidad como espejos en los que esos colectivos se reflejan.

¿Qué relaciones sociales se pueden mantener o tejer si el miedo es la imagen dominante con la cual se puede identificar un grupo social, si el sentido de comunidad se rompe al grito de “sálvese quien pueda”?

De esta guerra no sólo van a resultar miles de muertos… y jugosas ganancias económicas.

También, y sobre todo, va a resultar una nación destruida, despoblada, rota irremediablemente.

III.- ¿NADA QUÉ HACER?

A quienes sacan sus mezquinas sumas y restas electorales en esta cuenta mortal, les recordamos:

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una gigantesca movilización ciudadana (ojo: sin jefes, comandos centrales, líderes o dirigentes) paró la guerra acá. Frente al horror, la destrucción y las muertes, hace 17 años la reacción fue casi inmediata, contundente, eficaz.

Ahora es el pasmo, la avaricia, la intolerancia, la ruindad que escatima apoyos y convoca a la inmovilidad… y la ineficacia.

La iniciativa loable de un grupo de trabajadores de la cultura (“NO MÁS SANGRE”) fue descalificada desde su inicio por no “plegarse” ante un proyecto electoral, por no cumplir el mandato de esperar al 2012.

Ahora que tienen la guerra allá, en sus ciudades, en sus calles, en sus carreteras, en sus casas, ¿qué han hecho? Digo, además de “plegarse” ante quien tiene “el mejor proyecto”.

¿Pedirle a la gente que espere al 2012? ¿Qué entonces sí hay que volver a votar por el menos malo y ahora sí se va a respetar el voto?

Si van más de 34 mil muertos en 4 años, son más de 8 mil muertes anuales. Es decir, ¿hay que esperar 16 mil muertos más para hacer algo?

Porque se va a poner peor. Si los punteros actuales para las elecciones presidenciales del 2012 (Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard), gobiernan las entidades con mayor número de ciudadanos, ¿no es de esperar que ahí aumente la “guerra contra la delincuencia organizada” con su cauda de “daños colaterales”?

¿Qué van a hacer? Nada. Van a seguir el mismo camino de intolerancia y satanización de hace 4 años, cuando en el 2006 todo lo que no fuera a favor de López Obrador era acusado de servir a la derecha. L@s que nos atacaron y calumniaron entonces y ahora, siguen el mismo camino frente a otros movimientos, organizaciones, protestas, movilizaciones.

¿Por qué la supuesta gran organización nacional que se prepara para que en las próximas elecciones federales, ahora sí, gane un proyecto alternativo de nación, no hace algo ahora? Digo, si piensan que pueden movilizar a millones de mexicanos para que voten por alguien, ¿por qué no movilizarlos para parar la guerra y que el país sobreviva? ¿O es un cálculo mezquino y ruin? ¿Qué la cuenta de muertes y destrucción reste al oponente y sume al elegido?

Hoy, en medio de esta guerra, el pensamiento crítico vuelve a ser postergado. Primero lo primero: el 2012 y las respuestas a las preguntas sobre los “gallos”, nuevos o reciclados, para ese futuro que se desmorona desde hoy. Todo debe subordinarse a ese calendario y a sus pasos previos: las elecciones locales en Guerrero, Baja California Sur, Hidalgo, Nayarit, Coahuila, el Estado de México.

Y mientras todo se derrumba, nos dicen que lo importante es analizar los resultados electorales, las tendencias, las posibilidades. Llaman a aguantar hasta que sea el momento de tachar la boleta electoral, y de vuelta a esperar que todo se arregle y se vuelva a levantar el frágil castillo de naipes de la clase política mexicana.

¿Recuerdan que ellos se burlaron y atacaron el que desde el 2005 llamáramos a la gente a organizarse según sus propias demandas, historia, identidad y aspiraciones y no apostar a que alguien allá arriba iba a solucionar todo?

¿Nos equivocamos nosotros o ellos?

¿Quién en las principales ciudades se atreve a decir que puede salir con tranquilidad ya no en la madrugada, sino apenas anochece?

¿Quién hace suyo el “vamos ganando” del gobierno federal y ve con respeto, y no con miedo, a soldados, marinos y policías?

¿Quiénes son los que se despiertan ahora sin saber si van a estar vivos, sanos o libres al finalizar el día que comienza?

¿Quiénes no pueden ofrecer a la gente una salida, una alternativa, que no sea esperar a las próximas elecciones?

¿Quiénes no pueden echar a andar una iniciativa que realmente prenda localmente, no digamos a nivel nacional?

¿Quiénes se quedaron solos?

Porque al final, quienes van a permanecer serán quienes resistieron; quienes no se vendieron; quienes no se rindieron; quienes no claudicaron; quienes entendieron que las soluciones no vienen de arriba, sino que se construyen abajo; quienes no apostaron ni apuestan a las ilusiones que vende una clase política que tiene tiempo que apesta como un cadáver; quienes no siguieron el calendario de arriba ni adecuaron su geografía a ese calendario convirtiendo un movimiento social en una lista de números de credenciales del IFE; quienes frente a la guerra no se quedaron inmóviles, esperando el nuevo espectáculo malabarista de la clase política en la carpa circense electoral, sino que construyeron una alternativa social, no individual, de libertad, justicia, trabajo y paz.

IV.- LA ÉTICA Y NUESTRA OTRA GUERRA.

Antes hemos dicho que la guerra es inherente al capitalismo y que la lucha por la paz es anticapitalista.

Usted, Don Luis, ha dicho también antes que “la moralidad social constituye sólo un primer nivel, precrítico, de la ética. La ética crítica empieza cuando el sujeto se distancia de las formas de moralidad existentes y se pregunta por la validez de sus reglas y comportamientos. Puede percatarse de que la moralidad social no cumple las virtudes que proclama”

¿Es posible traer la Ética a la guerra? ¿Es posible hacerla irrumpir por entre desfiles castrenses, grados militares, retenes, operativos, combates, muertes? ¿Es posible traerla a cuestionar la validez de las reglas y comportamientos militares?

¿O el planteamiento de su posibilidad no es más que un ejercicio de especulación filosófica?

Porque tal vez la inclusión de ese “otro” elemento en la guerra sólo sería posible en una paradoja. Incluir la ética como factor determinante de un conflicto traería como consecuencia un reconocimiento radical: el contrincante sabe que el resultado de su “triunfo” será su derrota.

Y no me refiero a la derrota como “destrucción” o “abandono”, sino a la negación de la existencia como fuerza beligerante. Esto es, una fuerza hace una guerra que, si la gana, significará su desaparición como fuerza. Y si la pierde igual, pero nadie hace una guerra para perderla (bueno, Felipe Calderón Hinojosa sí).

Y aquí está la paradoja de la guerra zapatista: si perdemos, ganamos; y si ganamos, ganamos. La clave está en que la nuestra es una guerra que no pretende destruir al contrario en el sentido clásico.

Es una guerra que trata de anular el terreno de su realización y las posibilidades de los contrincantes (nosotros incluidos).

Es una guerra para dejar de ser lo que ahora somos y así ser lo que debemos ser.

Esto ha sido posible porque reconocemos al otro, a la otra, a lo otro, que, en otras tierras de México y del Mundo, y sin ser iguales a nosotros, sufren los mismos dolores, sostienen resistencias semejantes, que luchan por una identidad múltiple que no anule, avasalle, conquiste, y que anhelan un mundo sin ejércitos.

Hace 17 años, el 1 de enero de 1994, se hizo visible la guerra contra los pueblos originarios de México.

Mirando la geografía nacional en este calendario, nosotros recordamos:

¿No éramos nosotros, los zapatistas, los violentos? ¿No se nos acusó a nosotros de pretender partir el territorio nacional? ¿No se dijo que nuestro objetivo era destruir la paz social, minar las instituciones, sembrar el caos, promover el terror y acabar con el bienestar de una Nación libre, independiente y soberana? ¿No se señaló hasta el hartazgo que nuestra demanda de reconocimiento a los derechos y la cultura indígenas socavaba el orden social?

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una movilización civil, sin pertenencia política definida, nos demandó intentar el camino del diálogo para resolver nuestras demandas.

Nosotros cumplimos.

Una y otra vez, a pesar de la guerra en contra nuestra, insistimos en iniciativas pacíficas.

Durante años hemos resistido ataques militares, ideológicos y económicos, y ahora el silencio sobre lo que acá ocurre.

En las condiciones más difíciles no sólo no nos rendimos, ni nos vendimos, ni claudicamos, también construimos mejores condiciones de vida en nuestros pueblos.

Al principio de esta misiva dije que la guerra es una vieja conocida de los pueblos originarios, de los indígenas mexicanos.

Más de 500 años después, más de 200 años después, más de 100 años después, y ahora con ese otro movimiento que reclama su múltiple identidad comunal, decimos:

Aquí estamos.

Tenemos identidad.

Tenemos sentido de comunidad porque ni esperamos ni suspiramos porque vinieran de arriba las soluciones que necesitamos y merecemos.

Porque no sujetamos nuestro a andar a quien hacia arriba mira.

Porque, manteniendo la independencia de nuestra propuesta, nos relacionamos con equidad con lo otro que, como nosotros, no sólo resiste, también se ha ido construyendo una identidad propia que le da pertenencia social, y ahora también le representa la única oportunidad sólida de supervivencia al desastre.

Nosotros somos pocos, nuestra geografía es limitada, somos nadie.

Somos pueblos originarios dispersos en la geografía y el calendario más distantes.

Nosotros somos otra cosa.

Somos pocos y nuestra geografía es limitada.

Pero en nuestro calendario no manda la zozobra.

Nosotros sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Tal vez es poco lo que tenemos, pero no tenemos miedo.

Vale, Don Luis. Salud y que la reflexión crítica anime nuevos pasos.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.


Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Enero-Febrero del 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

Tenemos Todo y Nos Falta Todo

El territorio comunitario y el proyecto de autodeterminación de la CRAC (Coordinador Regional de Autoridades Comunitarios) en el estado de Guerrero en México están siendo amenazados por los intereses transnacionales mineros. Pero las comunidades se están defendiendo y organizando a través de la radio comunitaria La Voz de La Costa Chica

VER VIDEO:


http://vimeo.com/20859747